Archivo editorial

Futuro de la tecnologíaExplicador

Criptografía poscuántica: qué significa cosechar ahora y descifrar después, y qué hay que cambiar antes de 2030

Los estándares poscuánticos llevan publicados desde agosto de 2024 y el calendario ya es obligatorio para la administración federal estadounidense desde junio de 2026. Lo que convierte esto en un problema de hoy y no de 2035 es que el tráfico cifrado que se intercepta ahora se puede guardar para descifrarlo después.

Publicado
7 de agosto de 2026
Tiempo
5 min de lectura
Autoría
Redacción Cubix Academia
Profundidad
iniciación
Puerta acorazada de acero abierta con todo su mecanismo de pestillos radiales a la vista

Qué rompe realmente un ordenador cuántico

Casi todo lo que hoy protege una conexión se apoya en dos problemas matemáticos que un ordenador clásico no sabe resolver rápido: factorizar un número muy grande y calcular logaritmos discretos. RSA descansa en el primero, las curvas elípticas en el segundo. En 1994 Peter Shor demostró que un ordenador cuántico suficientemente grande resolvería ambos en tiempo razonable. Nadie ha construido todavía esa máquina, pero el algoritmo lleva treinta años publicado y no depende de que se descubra nada nuevo, solo de que llegue el hardware.

Conviene acotar el daño, porque el titular habitual exagera. Lo que cae es la criptografía de clave pública: el intercambio de claves y las firmas digitales. El cifrado simétrico y las funciones hash aguantan bastante mejor, porque el algoritmo de Grover reduce a la mitad el nivel de seguridad efectivo y poco más, de modo que AES-256 sigue siendo sólido. No hay que reemplazarlo todo: hay que reemplazar la parte que negocia claves y la que firma.

Cosechar ahora, descifrar después

Aquí está la razón de que esto no sea un problema de dentro de diez años. Interceptar tráfico cifrado y guardarlo es barato. Quien lo haga hoy no puede leerlo, pero podrá leerlo el día que tenga la máquina. En inglés se le llama harvest now, decrypt later: cosechar ahora, descifrar después.

Eso convierte la fecha límite en una resta y no en una previsión. Si un dato tiene que seguir siendo secreto quince años y el ordenador cuántico relevante llega dentro de diez, ese dato ya está comprometido aunque hoy viaje cifrado. Historiales médicos, expedientes judiciales, secretos industriales, comunicaciones diplomáticas: todo lo que tenga vida larga entra en esa cuenta. Un carrito de la compra, no.

Y hay una asimetría que ordena las prioridades: la confidencialidad se ataca de forma retroactiva, la autenticación no. Una firma falsificada dentro de doce años no sirve de nada contra un contrato firmado ayer. Por eso el cifrado corre más prisa que la firma, y por eso los calendarios oficiales separan ambas cosas.